10 Remedios mexicanos para el dolor de garganta
10 Remedios mexicanos para el dolor de garganta

10 Remedios mexicanos para el dolor de garganta

En México es común tener remedios caseros para liviar gripas, enfermedades leves y síntomas cómo el dolor de garganta. Pero, ¿que tan útiles son realmente?

La garganta empieza a raspar, aparece una tos seca, quizá algo de gripa, y antes de que alguien piense en ir a la farmacia ya hay una taza humeante sobre la mesa. Miel. Limón. Té de manzanilla. Un poco de jengibre si hay en casa. La abuela propone gárgaras con agua y sal. Alguien más recomienda un caldo caliente. Y, como suele ocurrir en las familias mexicanas, cada remedio viene acompañado de la garantía más antigua del mundo: “A mí siempre me funciona”.

Algunos de estos remedios caseros sí pueden aliviar la molestia. Otros funcionan más por confort que por un efecto médico demostrado. Y unos cuantos, aunque parezcan inocentes, tienen límites importantes. Más allá de tomar Redexón, ¿qué mas hacemos en las casas mexicanas?

La primera idea que conviene dejar clara es ésta: aliviar una garganta irritada no es lo mismo que curar la causa.

El dolor de garganta puede aparecer por resfriados, influenza, aire seco, alergias, contaminación, esfuerzo de la voz, reflujo e incluso infecciones bacterianas. Una taza de té puede hacer que la garganta se sienta mejor durante un rato, pero no convierte todos esos problemas en la misma enfermedad.

Eso no le quita valor al remedio. Sólo le pone los pies en la tierra.

Miel con limón: el clásico que sobrevive por una razón

Pocas combinaciones tienen tanta presencia en una cocina mexicana cuando empieza la tos.

La miel puede producir una sensación calmante porque cubre temporalmente la mucosa de la garganta y puede disminuir la irritación.

Su utilidad para la tos tampoco es sólo una tradición oral.

Revisiones científicas y guías clínicas han encontrado que la miel puede ayudar a reducir la frecuencia o intensidad de la tos aguda, especialmente durante la noche, en niños mayores de un año y adultos.

El limón aporta sabor y algo de vitamina C, aunque eso no significa que elimine el virus responsable de un resfriado.

Hay personas a quienes el limón les resulta agradable. A otras les arde.

Si existe una garganta irritada o reflujo, una bebida demasiado ácida puede empeorar la sensación.

La mezcla, entonces, no necesita ser heroica: agua tibia, una pequeña cantidad de miel y unas gotas de limón si se tolera.

Nada obliga a exprimir medio kilo de cítricos en una taza.

Y hay una regla que sí es absoluta: la miel no debe ofrecerse a menores de 12 meses, debido al riesgo de botulismo infantil.

Ése no es un detalle menor.

Gárgaras con agua y sal: humildes y bastante razonables

No tienen glamour.

No vienen en botella elegante.

Ni siquiera saben bien.

Pero las gárgaras con agua tibia y sal son uno de los remedios domésticos más sensatos para adultos y niños mayores que ya saben hacerlas sin tragarse el líquido.

Pueden ayudar a aliviar temporalmente la irritación y la inflamación local.

Una preparación habitual consiste en disolver aproximadamente media cucharadita de sal en un vaso de agua tibia.

No hace falta concentrarla más.

Más sal no significa más alivio. Una solución demasiado salada puede resultar desagradable e irritante.

Las gárgaras tampoco “matan la infección” en el sentido en que algunas publicaciones populares aseguran.

Su función es más modesta: aliviar.

Y a veces eso es exactamente lo que uno necesita para poder hablar, comer o dormir con un poco menos de molestia.

remedios mexicanos

Té caliente, sí; hirviendo, no

En muchas casas mexicanas, el tratamiento empieza por preguntar qué té hay.

Manzanilla.

Canela.

Hierbabuena.

Jengibre.

Limón.

Incluso infusiones de plantas locales que cambian según la región y la costumbre familiar.

El beneficio más evidente de una bebida tibia es simple: hidrata y puede producir sensación de alivio.

El calor moderado también puede resultar agradable cuando hay mucosidad o sensación de resequedad.

Pero una bebida extremadamente caliente no ayuda más.

De hecho, puede irritar tejidos que ya están sensibles.

La Organización Mundial de la Salud y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer han señalado desde hace años la relación entre el consumo habitual de bebidas a temperaturas muy elevadas y un mayor riesgo de daño esofágico.

No hace falta obsesionarse con el termómetro.

La regla doméstica puede ser mucho más sencilla: si quema la lengua, está demasiado caliente.

Una garganta inflamada no necesita una prueba de resistencia.

Jengibre: agradable, útil como sabor, menos milagroso de lo que se dice

El jengibre se ha vuelto uno de esos ingredientes a los que internet asigna casi todos los poderes disponibles.

Se ha estudiado por sus compuestos bioactivos y por posibles efectos antiinflamatorios y antioxidantes.

Eso no significa que una infusión de jengibre cure una infección respiratoria.

Sí puede resultar reconfortante.

Puede aportar sabor y hacer más agradable una bebida tibia cuando no apetece tomar agua simple.

En algunas personas causa ardor, malestar estomacal o empeora el reflujo, especialmente cuando se consume muy concentrado.

Una rodaja o una pequeña cantidad suele ser suficiente.

No hace falta preparar un brebaje tan potente que parezca capaz de remover pintura.

Caldo de pollo: más útil por lo que aporta que por lo que promete

Hay pocos remedios tan mexicanos en espíritu como aparecer enfermo y recibir un plato de caldo.

Pollo, zanahoria, chayote, calabacita, arroz, cilantro, quizá un poco de limón.

El caldo no cura la gripe ni una infección de garganta.

Sí aporta líquido, energía, algo de proteína y electrolitos, dependiendo de la receta.

También suele ser fácil de comer cuando tragar alimentos secos resulta incómodo.

Y tiene algo que la ciencia no necesita demostrar demasiado: es reconfortante.

Eso importa.

Cuando una persona está enferma y tiene poco apetito, un alimento que apetece puede ser mejor opción que una comida “perfecta” que nadie tiene ganas de probar.

No todo beneficio tiene que caber en una cápsula.

¿Y la leche con miel?

Otra vieja conocida.

Para algunas personas funciona bien como bebida tibia antes de dormir.

La leche no “produce moco” de manera generalizada como suele afirmarse. Algunas personas perciben una sensación más espesa en la boca o garganta después de consumir lácteos, pero eso no significa necesariamente que el organismo esté fabricando más mucosidad respiratoria.

Si se tolera bien, puede tomarse.

Si provoca náusea, pesadez o reflujo, mejor dejarla para otro día.

La regla es bastante sencilla: no hay necesidad de consumir un remedio que hace sentir peor sólo porque la tradición asegura que debería funcionar.

¿Conviene usar ajo crudo?

El ajo tiene una reputación casi militar dentro de los remedios caseros.

Se le atribuyen propiedades antimicrobianas y contiene compuestos sulfurados estudiados en laboratorio.

El problema es trasladar esos hallazgos directamente a una infección de garganta.

No hay evidencia suficiente para afirmar que masticar ajo crudo cure una gripa o una faringitis.

Y comerlo en grandes cantidades puede irritar boca, garganta y estómago.

Usarlo en una sopa o en una comida es completamente razonable.

Masticar dientes enteros de ajo mientras la garganta ya está inflamada quizá sea una forma bastante agresiva de demostrar compromiso con la medicina tradicional.

Vapor y baños calientes: alivio momentáneo, no tratamiento

Respirar aire húmedo puede hacer que algunas personas sientan menos resequedad nasal o de garganta.

Una ducha tibia o un ambiente con humedad moderada puede resultar cómodo.

Lo que no conviene es acercar la cara a ollas de agua hirviendo.

Las quemaduras por vapor son reales y pueden ser graves.

Esto es especialmente importante con niños.

El supuesto beneficio de “aflojar la flema” no justifica poner a un menor frente a una fuente de agua hirviendo cubierta con una toalla.

Un humidificador limpio puede ser más seguro si el ambiente está muy seco.

Y “limpio” aquí no es decoración verbal: los humidificadores sucios pueden dispersar microorganismos y minerales en el aire.

La manzanilla tiene fama de buena vecina

La manzanilla aparece tanto en hogares mexicanos que casi no necesita presentación.

Su sabor suave y el hecho de tomarse caliente explican buena parte de su popularidad.

Puede ser reconfortante y ayudar a mantener hidratación.

No hay evidencia sólida de que cure una infección de garganta.

También puede provocar reacciones alérgicas en personas sensibles a plantas de la familia de las asteráceas, aunque esto no sea lo más común.

Una taza de manzanilla puede ser perfectamente agradable.

La diferencia está entre usarla como acompañamiento y convertirla en sustituto de atención médica cuando hay síntomas importantes.

Canela, clavo y otras infusiones: el aroma ayuda, pero cuidado con las concentraciones

Muchas recetas familiares incluyen canela, clavo, anís o mezclas de varias especias.

En cantidades culinarias suelen ser bien toleradas por la mayoría de las personas.

El problema aparece cuando alguien decide que un remedio funcionará mejor si está diez veces más concentrado.

Algunas especias pueden irritar el estómago o interactuar con medicamentos cuando se consumen en dosis altas o como suplementos.

Esto ocurre con frecuencia en internet: un alimento de cocina empieza como ingrediente, pasa a “superalimento” y termina tratado como fármaco.

No son lo mismo.

Un té aromático puede aliviar y reconfortar.

Una preparación concentrada no tiene por qué ser más efectiva.

Paletas de hielo y bebidas frías también pueden ayudar

Aquí hay una pequeña rebelión contra la costumbre.

No todo tiene que ser caliente.

Si una persona siente alivio con líquidos fríos, hielo picado o una paleta, puede usarlos.

El frío puede adormecer temporalmente la zona y disminuir la sensación de dolor.

Esto puede ser especialmente útil cuando tragar duele.

El mito de que algo frío “empeora la infección” no tiene una base universal.

La temperatura es, en buena medida, una cuestión de tolerancia.

A unas personas les calma una infusión tibia.

A otras, una paleta.

El cuerpo puede ser menos obediente a las tradiciones familiares de lo que quisiéramos.

tés y remedios para dolor de gargante

¿Cuándo los remedios caseros ya no son suficientes?

Aquí está la parte menos agradable, pero más útil.

Una molestia de garganta leve asociada a un resfriado puede mejorar en pocos días.

Hay situaciones en las que conviene buscar valoración médica.

Dificultad para respirar.

Problemas importantes para tragar.

Babeo en un niño porque no puede deglutir.

Fiebre alta persistente.

Dolor muy intenso.

Deshidratación.

Erupción en la piel.

Síntomas que empeoran en vez de mejorar.

Inflamación marcada del cuello.

También conviene consultar si el dolor dura varios días sin explicación clara o si aparece repetidamente.

Una infección por estreptococo, por ejemplo, puede necesitar diagnóstico y tratamiento específico.

No se puede distinguir con certeza de una infección viral sólo mirando la garganta frente al espejo.

Los puntos blancos no son un oráculo.

Antibióticos sobrantes: quizá el peor remedio casero

En muchas casas queda una caja incompleta de antibióticos de una enfermedad anterior.

Y ahí empieza una costumbre peligrosa.

Tomarlos “por si acaso” para una gripa o una garganta irritada no tiene sentido si la causa es viral.

Los antibióticos no actúan contra virus.

Su uso inadecuado contribuye a la resistencia antimicrobiana, un problema de salud pública que la Organización Mundial de la Salud y la Secretaría de Salud de México han señalado de manera reiterada.

La regla debería ser sencilla: antibiótico sólo cuando está indicado para esa infección concreta y bajo orientación profesional.

Compartir medicamentos entre familiares tampoco es buena idea.

Una garganta que duele no entrega diagnóstico junto con el síntoma.

El remedio más ignorado: dejar de irritar la garganta

A veces buscamos qué agregar cuando deberíamos pensar qué quitar.

Tabaco.

Vapeo.

Alcohol.

Aire muy seco.

Gritar durante horas.

Comidas extremadamente picantes cuando existe irritación.

Todos pueden empeorar la sensación en algunas personas.

Si alguien tiene la voz ronca, reducir el esfuerzo vocal también puede ayudar.

Y no, susurrar durante horas no siempre descansa mejor la voz; a veces puede generar tensión adicional.

Hablar menos y en un tono cómodo suele ser más sensato.

El remedio casero más útil puede terminar siendo no hacer otra cosa que beber algo agradable, descansar y dejar en paz una garganta que ya tiene suficiente trabajo.

Las recetas familiares no tienen que desaparecer para ser usadas con sensatez

Hay algo valioso en esos cuidados que pasan de una generación a otra.

Una taza que alguien prepara cuando te escucha toser.

Un caldo que llega sin pedirlo.

Una cucharada de miel antes de dormir.

No todo tiene que evaluarse únicamente por su capacidad de eliminar un virus.

El confort también importa.

Pero una tradición se vuelve más útil cuando conocemos sus límites.

La miel puede aliviar la tos, pero no se da a bebés menores de un año.

Las gárgaras pueden calmar, pero no sustituyen antibióticos cuando realmente existe una infección bacteriana que los requiere.

El té hidrata, pero no necesita estar hirviendo.

El limón puede gustar, pero también puede irritar.

El caldo alimenta, pero no cura por decreto familiar.

Quizá esa sea la forma más razonable de conservar los remedios caseros mexicanos: no como magia, sino como cuidados pequeños alrededor de una enfermedad que el cuerpo y, cuando corresponde, la medicina deben resolver.

Hay cierta belleza en eso.

La ciencia no necesariamente expulsa a la abuela de la cocina.

Sólo le pide que la miel no vaya al bebé y que nadie intente curar una faringitis con el antibiótico que sobró del tío.