Tres medicamentos para un resfriado. Parece una solución práctica.
El problema es que algunos podrían contener el mismo ingrediente, interactuar con los tratamientos que toma diariamente o provocar efectos secundarios que, a cierta edad, resultan especialmente delicados.
Cuando una persona mayor vive con diabetes, hipertensión, enfermedades del corazón o problemas renales, revisar sus medicamentos durante un resfriado es tan importante como vigilar la fiebre o procurar que descanse.
No se trata de desconfiar de su capacidad para cuidarse. Se trata de reconocer que, con los años, el organismo puede procesar ciertos medicamentos de manera diferente y que las combinaciones aparentemente inofensivas no siempre lo son.
La buena noticia es que una revisión organizada puede evitar errores frecuentes: duplicar dosis, confundir nombres comerciales, utilizar productos contraindicados o suspender tratamientos necesarios sin orientación médica.
Y no necesitas ser médico para detectar algunas señales de alerta. Lo que sí necesitas es saber cuándo preguntar a un profesional antes de administrar una medicina.
El verdadero problema puede estar dentro del botiquín
En muchas casas mexicanas existe un cajón donde se guardan medicamentos de todo tipo.
Hay tabletas para el dolor, sobres para la gripe, jarabes que alguien compró hace meses y cajas cuya etiqueta apenas se alcanza a leer.
Cuando aparece un resfriado, resulta tentador utilizar lo que está disponible.
Pero los medicamentos no son intercambiables simplemente porque alivien síntomas parecidos.
Algunos antigripales como el theraflu te, pueden contener varios ingredientes activos: uno para aliviar el dolor, otro para disminuir el escurrimiento nasal y alguno destinado a descongestionar.
La persona quizá reconoce el nombre comercial, pero desconoce su composición.
Ahí comienza el riesgo.
Por ejemplo, algunos productos para el resfriado contienen paracetamol, también llamado acetaminofén. Si el paciente toma otro medicamento con paracetamol para la fiebre o el dolor, podría consumir accidentalmente una cantidad superior a la indicada.
Por eso, antes de administrar cualquier producto, conviene revisar sus ingredientes activos y compararlos con los demás medicamentos. No basta con verificar que las cajas tengan nombres distintos. Dos medicamentos con marcas diferentes pueden contener exactamente la misma sustancia.
¿Qué es la polifarmacia y por qué importa durante un resfriado?
La palabra puede sonar complicada, pero describe una situación bastante común.
La polifarmacia suele referirse al uso simultáneo de varios medicamentos, frecuentemente cinco o más, aunque las definiciones varían entre estudios y contextos clínicos.
Una persona mayor puede necesitar tratamiento para la presión arterial, diabetes, colesterol, dolor crónico y problemas del sueño.
Cada medicamento puede tener una indicación válida.
El problema surge cuando se agregan nuevos productos sin revisar el conjunto.
En el contexto de polifarmacia en el adulto mayor, incluso un medicamento de venta libre puede modificar el equilibrio de un tratamiento que llevaba meses funcionando adecuadamente.
No significa que tomar cinco medicamentos sea necesariamente incorrecto. Algunas personas necesitan varios tratamientos para controlar diferentes enfermedades.
Lo que importa es que todos tengan una indicación vigente, dosis apropiadas y seguimiento profesional.
Los Criterios de Beers de la American Geriatrics Society, actualizados en 2023, identifican medicamentos que pueden resultar potencialmente inapropiados en determinados adultos mayores debido a sus riesgos.
Entre ellos se encuentran varios antihistamínicos de primera generación, utilizados en algunos productos para resfriado.
Esto no significa que cualquier medicamento incluido en esos criterios esté absolutamente prohibido. Significa que requiere una valoración cuidadosa de riesgos y beneficios.
La revisión comienza con una hoja de papel, no con otra pastilla
Antes de elegir un antigripal, reúne todos los medicamentos que la persona utiliza.
No solamente los recetados.
También deben considerarse productos de venta libre, suplementos, vitaminas, remedios herbolarios y medicamentos que toma ocasionalmente.
Una manera sencilla de organizar la información es registrar:
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Nombre del medicamento y, si es posible, su principio activo.
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Dosis indicada y horario habitual.
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Motivo por el que se utiliza.
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Nombre del médico que lo prescribió, cuando se conozca.
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Fecha de caducidad e instrucciones especiales.
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Productos nuevos que se quieren utilizar para aliviar el resfriado.
Si la persona utiliza un pastillero semanal, revisa también las cajas originales o las recetas.
Las tabletas sueltas pueden resultar difíciles de identificar correctamente.
Un comprimido blanco y redondo podría parecerse a muchos otros. Su color y tamaño no son suficientes para confirmar qué contiene.
Cuando exista alguna duda, un farmacéutico puede ayudar a identificar el producto mediante su envase, presentación y documentación correspondiente.
No conviene adivinar.

Cómo revisar un antigripal antes de que lo tome una persona mayor
La etiqueta puede parecer un pequeño laberinto de nombres difíciles de pronunciar.
Pero hay cuatro datos que conviene localizar: principio activo, cantidad por dosis, frecuencia máxima de administración y advertencias. El principio activo es especialmente importante.
Pensemos en una persona que utiliza un medicamento para la presión arterial y comienza a presentar congestión nasal:
- En la farmacia encuentra un producto que promete aliviar rápidamente la nariz tapada.
- Antes de comprarlo, debería comprobarse si contiene un descongestionante oral como pseudoefedrina.
- Estos medicamentos pueden elevar la presión arterial o la frecuencia cardiaca en determinadas personas.
Por eso requieren precaución, especialmente cuando existen hipertensión no controlada, enfermedades cardiovasculares u otras condiciones médicas.
La elección debe consultarse con el médico o farmacéutico.
Y hay otro detalle: no todos los síntomas necesitan un medicamento combinado.
Si una persona solamente tiene congestión nasal leve, quizá no exista razón para consumir un producto que también contiene antihistamínicos, analgésicos y otros ingredientes.
Cuantos más componentes incluye un medicamento, más elementos deben revisarse antes de utilizarlo.
Interacciones de antigripales: cuáles merecen especial cuidado
Las interacciones de antigripales no son idénticas para todos los pacientes.
Dependen de la fórmula específica, las dosis y los tratamientos habituales.
Sin embargo, hay algunas combinaciones que merecen atención particular.
| Ingrediente o grupo | Riesgo que debe revisarse | Situaciones que requieren precaución |
|---|---|---|
| Paracetamol (acetaminofén) | Duplicación de dosis y daño hepático por exceso | Uso simultáneo de analgésicos y antigripales combinados, enfermedad hepática |
| Pseudoefedrina | Aumento de presión arterial o palpitaciones | Hipertensión, enfermedades cardiacas, ciertas interacciones medicamentosas |
| Difenhidramina y clorfeniramina | Somnolencia, confusión y efectos anticolinérgicos | Adultos mayores, riesgo de caídas, problemas urinarios, glaucoma de ángulo cerrado |
| Ibuprofeno y naproxeno | Sangrado gastrointestinal, lesión renal y posibles interacciones | Enfermedad renal, anticoagulantes, hipertensión, ciertos tratamientos cardiovasculares |
| Dextrometorfano | Posibles interacciones y, en algunos casos, toxicidad serotoninérgica | Uso de determinados antidepresivos, inhibidores de la monoaminooxidasa y otros fármacos serotoninérgicos |
Esta tabla no sustituye una revisión individual de medicamentos.
Por ejemplo, el riesgo de un antiinflamatorio depende de la dosis, duración, función renal y tratamientos que recibe la persona.
Con el dextrometorfano, la posibilidad de interacción también cambia según el tipo de antidepresivo y otros factores.
Por eso, si un familiar mayor toma medicamentos diariamente, es preferible llevar la lista completa a la farmacia o consulta antes de añadir un antigripal.
El peligro silencioso de las medicinas que provocan sueño
Algunas personas creen que un antigripal es mejor porque ayuda a dormir.
Pero en adultos mayores, ciertos medicamentos sedantes pueden provocar problemas que van más allá de una buena noche de descanso.
La difenhidramina y la clorfeniramina, por ejemplo, pertenecen a un grupo de antihistamínicos de primera generación con efectos anticolinérgicos.
Pueden ocasionar somnolencia, boca seca, estreñimiento, dificultad para orinar y confusión.
En algunas personas también aumentan el riesgo de caídas.
Esto merece especial cuidado cuando el paciente ya presenta problemas de equilibrio, alteraciones de memoria o utiliza medicamentos para dormir.
No es raro que una familia atribuya la confusión repentina de un adulto mayor a su edad, cuando en realidad puede relacionarse con una infección, deshidratación, un medicamento o varias causas combinadas.
Una confusión nueva o repentina en una persona mayor requiere valoración médica pronta, no simplemente dejarla dormir.
Y si existe dificultad para despertarla, respiración anormal u otros síntomas graves, se necesita atención de emergencia.
¿Se deben suspender los medicamentos habituales mientras dura el resfriado?
En general, no deben suspenderse por iniciativa propia.
Es frecuente que una persona mayor piense que, como está enferma, debería dejar temporalmente sus medicamentos para descansar el organismo.
Pero interrumpir ciertos tratamientos puede causar problemas.
Por ejemplo, suspender bruscamente algunos medicamentos cardiovasculares puede afectar el control de la presión arterial o provocar otros efectos importantes.
En personas con diabetes, la enfermedad puede modificar los niveles de glucosa y las necesidades de tratamiento.
Sin embargo, existe una excepción que merece explicación: durante enfermedades que provocan deshidratación, vómitos, diarrea o dificultad para beber, algunos medicamentos pueden requerir ajustes o suspensión temporal bajo indicación médica.
Esto se conoce en ciertos contextos como un plan de medicamentos para días de enfermedad.
La decisión depende de los medicamentos utilizados y del estado clínico.
No es lo mismo un resfriado leve con alimentación normal que una infección acompañada de vómitos repetidos y deshidratación.
Lo adecuado es solicitar al médico un plan escrito que indique qué hacer en cada situación.
Si la persona tiene diabetes, hay que vigilar algo más que la tos
Las infecciones pueden modificar la glucosa en sangre.
Durante una enfermedad, el organismo libera hormonas relacionadas con la respuesta al estrés que pueden aumentar los niveles de glucosa.
Al mismo tiempo, comer menos de lo habitual puede favorecer hipoglucemias en personas que utilizan insulina o determinados medicamentos, como algunas sulfonilureas.
Por eso, si una persona mayor vive con diabetes, conviene seguir las indicaciones de su equipo médico para controlar la glucosa durante el resfriado.
También deben revisarse los ingredientes de los jarabes cuando contienen azúcar, aunque el riesgo principal de un medicamento puede estar en sus principios activos y posibles interacciones.
No se debe suspender la insulina basal por cuenta propia.
Si hay vómitos persistentes, glucosa muy elevada, cetonas, confusión o incapacidad para beber, puede requerirse valoración médica urgente según el cuadro clínico.
Los antigripales no sustituyen el tratamiento de la diabetes ni las medidas de vigilancia durante una infección.
La hipertensión también cambia las decisiones
Muchas personas mayores utilizan medicamentos para controlar la presión arterial.
Y durante un resfriado pueden sentir la tentación de utilizar descongestionantes orales para respirar mejor.
Pero estos productos no son adecuados para todos.
La pseudoefedrina puede aumentar la presión arterial y la frecuencia cardiaca, especialmente en personas susceptibles.
Los antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno y naproxeno, también pueden elevar la presión, favorecer retención de líquidos o afectar la función renal.
Algunos pueden interferir con el efecto de determinados medicamentos antihipertensivos.
No significa que una persona con hipertensión nunca pueda utilizar ningún tratamiento para síntomas respiratorios.
Significa que debe elegirlo con orientación profesional y considerando sus enfermedades.
Las soluciones salinas nasales pueden ser una alternativa para aliviar determinados síntomas de congestión sin recurrir automáticamente a descongestionantes sistémicos.
Aun así, conviene seguir las indicaciones de uso y utilizar productos apropiados.
¿Antibióticos para un resfriado? Un error que sigue siendo común
En México todavía es frecuente escuchar que alguien tomó antibióticos porque tenía mucha gripe.
Pero la mayoría de los resfriados comunes son causados por virus.
Los antibióticos actúan contra determinadas infecciones bacterianas, no contra los virus responsables del resfriado común.
La Organización Mundial de la Salud y los CDC advierten que utilizar antibióticos cuando no están indicados contribuye a la resistencia antimicrobiana y expone a las personas a efectos adversos innecesarios.
En adultos mayores, ciertos antibióticos también pueden interactuar con medicamentos de uso cotidiano.
Por ejemplo, algunos antibióticos pueden modificar el efecto de anticoagulantes como la warfarina y aumentar el riesgo de sangrado.
Otros requieren ajustes cuando existe deterioro de la función renal.
Si el médico diagnostica una infección bacteriana y prescribe un antibiótico, el tratamiento debe seguirse según sus indicaciones.
Pero utilizar sobrantes de una receta anterior o compartir antibióticos entre familiares no es seguro.
No todo lo que parece resfriado es un resfriado
Hay una situación que conviene reconocer antes de elegir medicamentos.
La influenza, COVID-19 y otras infecciones respiratorias pueden comenzar con síntomas parecidos a los de un resfriado común.
En adultos mayores, algunas de estas enfermedades tienen mayor riesgo de complicaciones.
Los CDC consideran a las personas de 65 años o más entre los grupos con mayor riesgo de enfermedad grave por influenza.
En determinados pacientes, los antivirales contra influenza pueden reducir complicaciones y suelen ser más eficaces cuando se inician tempranamente. También existen tratamientos específicos para COVID-19 en personas elegibles, pero pueden tener interacciones medicamentosas importantes.
Por ejemplo, nirmatrelvir/ritonavir, utilizado en algunos tratamientos contra COVID-19, presenta interacciones clínicamente relevantes con distintos medicamentos.
Esto hace todavía más importante disponer de una lista actualizada de tratamientos.
Si una persona mayor presenta síntomas compatibles con influenza o COVID-19, especialmente si tiene enfermedades crónicas, conviene consultar pronto para valorar pruebas y tratamiento.
No es recomendable esperar varios días confiando únicamente en productos de venta libre si existen factores de alto riesgo.
El horario correcto también importa
Una vez que el médico o farmacéutico confirma qué medicamento puede utilizarse, comienza otra parte del cuidado: administrarlo correctamente.
Una persona mayor puede tomar varios medicamentos a diferentes horas.
Durante un resfriado, el cansancio, la falta de sueño o la fiebre pueden dificultar recordar qué dosis ya tomó.
Aquí conviene establecer un registro temporal.
No tiene que ser complicado.
Una hoja junto al botiquín puede incluir el nombre del medicamento nuevo, la dosis prescrita, la hora de administración y la persona que confirmó que se tomó.
El registro debe respetar los intervalos indicados y no sustituye las instrucciones del envase o la receta.
Si varias personas participan en el cuidado, resulta útil que todas consulten la misma información.
De lo contrario, puede ocurrir que una hija administre un medicamento por la mañana y otro familiar repita la dosis porque pensó que nadie lo había hecho.
El problema no es la falta de cariño.
Es la falta de coordinación.
¿Qué hacer si no recuerda si ya tomó una dosis?
Una de las situaciones más delicadas ocurre cuando la persona dice: “Creo que sí me la tomé, pero no estoy seguro”.
En ese momento no conviene administrar automáticamente otra dosis.
Duplicar ciertos medicamentos puede resultar peligroso.
La conducta correcta depende del producto, la cantidad, el tiempo transcurrido y las indicaciones médicas.
Si existe duda, revisa el registro, el pastillero y las instrucciones disponibles.
Cuando no pueda confirmarse la administración, consulta con el médico o farmacéutico antes de repetirla, especialmente si se trata de medicamentos de mayor riesgo.
También es importante recordar que algunas tabletas no deben partirse, triturarse o abrirse.
Esto ocurre con ciertas formulaciones de liberación prolongada o recubrimientos especiales.
Si una persona mayor tiene dificultad para tragar, pide orientación profesional sobre presentaciones alternativas.
No improvises cambios en la forma de administración.

El pastillero ayuda, pero no resuelve todos los problemas
Los organizadores semanales pueden facilitar el seguimiento de tratamientos.
Sin embargo, también tienen limitaciones.
No todos los medicamentos deben almacenarse fuera de su envase original. Algunos son sensibles a la humedad o requieren condiciones especiales.
Tampoco conviene mezclar medicamentos nuevos con los habituales sin actualizar el esquema.
Una estrategia razonable consiste en mantener una lista de tratamientos vigentes, conservar los envases originales para consulta y utilizar organizadores solamente cuando el profesional de salud confirme que son apropiados.
Si una persona tiene problemas de memoria o visión, el apoyo debe adaptarse a sus necesidades.
Las etiquetas con letra grande, los horarios escritos claramente y la supervisión respetuosa pueden resultar útiles.
El objetivo no es quitarle autonomía.
Es ayudarle a conservarla sin exponerse a errores prevenibles.
Los remedios naturales también pueden interactuar
Cuando aparece un resfriado, es común recurrir a tés, infusiones, suplementos o preparados herbales.
En México forman parte de muchas costumbres familiares.
Pero natural no siempre significa inocuo.
Algunas plantas medicinales y suplementos pueden modificar la acción de medicamentos o provocar efectos secundarios.
La hierba de San Juan, por ejemplo, tiene interacciones importantes con numerosos fármacos, aunque no sea un remedio típico para la gripe.
También existen productos comercializados para fortalecer las defensas cuya eficacia no está demostrada de manera suficiente y cuya composición puede variar.
Si una persona mayor utiliza anticoagulantes, medicamentos cardiovasculares, antidepresivos o tratamientos inmunosupresores, conviene consultar antes de incorporar suplementos.
Un té sencillo que forma parte de su alimentación habitual no equivale necesariamente a consumir extractos concentrados o cápsulas de plantas medicinales.
La dosis y la preparación cambian mucho el riesgo.
Una visita a la farmacia puede evitar una visita a urgencias
A veces se piensa que el farmacéutico solamente entrega medicamentos.
Pero un profesional farmacéutico puede ayudar a revisar ingredientes activos, duplicidades, contraindicaciones e interacciones.
En México, la disponibilidad de servicios de atención farmacéutica varía entre establecimientos.
Cuando sea posible, conviene acudir con la lista completa de medicamentos y explicar las enfermedades que tiene la persona.
No basta con pedir “algo fuerte para la gripe”.
Una descripción más útil sería indicar su edad, síntomas, tratamientos habituales y antecedentes médicos relevantes.
También es importante señalar alergias conocidas y reacciones previas.
Si el producto requiere receta, debe obtenerse mediante la atención correspondiente.
Y si hay dudas importantes, el médico tratante sigue siendo una referencia fundamental.
Cinco señales que indican que el resfriado necesita atención médica
La revisión de medicamentos es importante, pero no debe distraernos de la evolución de la enfermedad.
En personas mayores, algunos síntomas requieren atención inmediata o pronta valoración profesional:
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Dificultad para respirar, dolor de pecho o labios azulados. Son señales de emergencia.
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Confusión repentina, desmayo o dificultad para despertar. No deben atribuirse simplemente al cansancio.
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Deshidratación, incapacidad para beber o disminución marcada de la orina. Pueden provocar complicaciones, especialmente si existen enfermedades renales o cardiovasculares.
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Empeoramiento después de una mejoría inicial. Puede indicar una complicación que necesita evaluación.
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Fiebre persistente, debilidad intensa o deterioro del estado general. Justifican consulta, aunque la persona no presente todos los síntomas clásicos de una infección.
Los adultos mayores pueden tener infecciones importantes sin desarrollar fiebre elevada.
Por eso, los cambios de comportamiento, apetito, movilidad o estado de alerta también merecen atención.
Ante una emergencia en México, llama al 911.
Cómo hablar sobre los medicamentos sin que la persona se sienta vigilada
Este punto rara vez aparece en los folletos médicos, pero importa mucho.
Algunos adultos mayores interpretan las preguntas sobre sus medicamentos como una señal de que la familia ya no confía en ellos.
Si cada conversación comienza con “¿seguro que tomaste lo correcto?”, es posible que terminen respondiendo con molestia.
Una alternativa consiste en plantear la revisión como una tarea compartida.
Puedes decir que quieres comprobar si el antigripal nuevo es compatible con los medicamentos habituales.
Invítale a revisar los envases contigo.
Pregúntale cómo organiza sus horarios y si ha notado alguna molestia desde que comenzó el tratamiento.
Tal vez descubras que lleva años administrándose correctamente sus medicinas.
O quizá aparezca una confusión que nadie había detectado.
La intención debe ser colaborar, no imponer.
Y cuando una persona tiene dificultades cognitivas importantes, corresponde organizar apoyos más estrechos respetando su dignidad y seguridad.
Un botiquín ordenado puede ser un gran aliado durante el invierno
No hace falta esperar a que alguien se enferme para revisar los medicamentos de casa.
Una vez cada cierto tiempo, conviene comprobar cuáles siguen vigentes, cuáles ya no se utilizan y cuáles han caducado.
Los medicamentos deben conservarse según las indicaciones del fabricante, protegidos de condiciones que puedan deteriorarlos.
El baño no siempre es un buen lugar debido a los cambios de humedad y temperatura.
También es útil separar físicamente los medicamentos de uso cotidiano de aquellos que se emplean ocasionalmente, manteniendo todos fuera del alcance de niños y personas que pudieran utilizarlos por error.
Los productos caducados o innecesarios deben desecharse mediante mecanismos adecuados.
En México, el Sistema Nacional de Gestión de Residuos de Envases y Medicamentos, conocido como SINGREM, cuenta con contenedores para recolectar determinados residuos de medicamentos en farmacias participantes.
La disponibilidad depende de la localidad.
No conviene almacenar indefinidamente antibióticos sobrantes, jarabes sin identificar o tabletas sueltas.
Un botiquín organizado no garantiza que nunca ocurra un error, pero hace mucho más fácil detectar problemas antes de que se conviertan en una urgencia.
A veces la mejor decisión es no agregar otro medicamento
Vivimos acostumbrados a buscar una pastilla para cada molestia.
Si hay escurrimiento nasal, compramos algo. Si aparece tos, buscamos otro producto. Si el cansancio continúa, alguien recomienda vitaminas.
Pero un resfriado común suele mejorar con el tiempo y muchas molestias pueden aliviarse mediante cuidados generales.
El descanso, la hidratación adecuada y ciertas medidas para aliviar la congestión pueden ser suficientes en casos leves, siempre que no existan signos de alarma ni condiciones que requieran atención específica.
Esto no significa minimizar los síntomas.
Significa reconocer que agregar medicamentos también implica agregar riesgos.
En una persona mayor que ya utiliza varios tratamientos, conviene preguntarse si cada producto nuevo es realmente necesario.
Y esa decisión puede tomarse con ayuda de un profesional.
La pregunta que debería hacerse toda familia antes de abrir un antigripal
Quizá lo más difícil del cuidado de una persona mayor no sea organizar sus medicamentos, sino aceptar que una enfermedad aparentemente sencilla puede necesitar más atención que antes.
Un resfriado que a los treinta años se resolvía con descanso puede representar un desafío distinto a los setenta, especialmente cuando existen enfermedades crónicas o múltiples tratamientos.
Pero tampoco se trata de vivir con miedo.
Una lista actualizada de medicamentos, un registro claro de dosis y la costumbre de consultar antes de combinar productos pueden hacer una diferencia importante.
La próxima vez que tu mamá, tu papá o tus abuelos tengan congestión y alguien proponga comprar un antigripal, no comiences preguntando cuál es el más fuerte.
Pregunta primero qué contiene, qué medicamentos toma esa persona y si realmente necesita ese producto.
Tal vez la respuesta sea tan sencilla como descansar, beber líquidos y vigilar los síntomas.
O quizá sea el momento de consultar al médico para descartar una infección que requiere tratamiento específico.
En cualquier caso, hay una idea que conviene conservar: cuidar bien no significa dar más medicamentos, sino asegurarse de que cada uno tenga una razón para estar ahí.